10 agosto 2007

Sala de Autopsias


¿Alguien imagina lo que sucede cuando morimos?


Ocurren los Fenómenos Cadavéricos, donde nuestro cuerpo se enfría, se deshidrata, se llena livideces, se torna rígido, no sin antes dejarnos experimentar por última vez una relajación muscular total, una paz efímera que nunca podremos contar.

En los peores casos, otro tipo de rigidez se hace presente, llamada "Espasmo Cadavérico". Se manifiesta instantáneamente, sin dar lugar a esa previa relajación, de forma generalizada en aquellos que mueren, por ejemplo, en las Guerras, por procesos convulsivantes, muertes por rayo en una tormenta o de cualquier forma violenta.

Otros cadáveres solo presentan un rigidez en grupos musculares aislados. Se conserva la última expresión de la fisonomía por alguna actividad o movimiento parcial, que suele ser violenta o inesperada. Por ejemplo, alguien que se suicida con una pistola conserva un gesto atemorizado y su mano queda en la posición en la que cogió el arma con la que se quitó la vida. Seguido de estos fenómenos, ocurren una serie de procesos enzimáticos que destruyen el cuerpo poco a poco. Nuestras células van muriendo por falta de oxígeno.

Luego las bacterias procedentes del exterior, del interior de nuestro cuerpo, los auxiliares de la putrefacción..., todos van haciendo su trabajo, mientras la carne cambia su color, el cuerpo se hincha por los gases que desprende, se licúa cada órgano hasta quedar en los mismos huesos.


La ciencia nos presenta una versión de la muerte como explosión de procesos ni más ni menos que químicos y enzimáticos, pues no hay nada más que esperar ni nada más que ver. Acertadamente, también la ciencia nos brinda la única esperanza de seguir estando vivos habitando en trozos dentro de personas que nos necesitan. Vivimos dando vida a los demás cuando donamos un órgano. De no ser así, tan sólo somos carne en vías de putrefacción, somos sólo procesos.

La Religión intenta que sobrellevemos la vida en espera de otra con un toque de fé. Nos habla de la resurrección y del Reino de los Cielos. Las personas hablan del más allá, de la luz al final del túnel y de una cantidad de cosas que acaban siendo más espeluznantes que acabar podrido tres metros bajo tierra.


Tenemos demasiadas opciones para vivir la muerte, pero en realidad cada quien se hace en vida una idea de lo que es, para asumir este momento una vez llegado.

Les invito a que en cualquier caso, seas religioso, ateo, de mente abierta, cerrada, científica..., mediten lo que la muerte les inspira. Por un momento piensa en lo que se convierte tu hígado, tu corazón, tu córnea una vez que dejas de respirar.

¿Vale la pena dejar que tenga ese destino?
¿Vale la pena que no sea un sólo cuerpo, si no dos los que tengan que pudrirse bajo toda esa tierra? 
¿No estás dispuesto a que tu alma abandone tu cuerpo decepcionada por no ir entero a la tumba?
¿Eres de los que cree que serás un alma en pena por que te falta una parte de tu cuerpo?

Pues yo creo que no. Yo en lo personal, prefiero seguir produciendo bilis, latiendo, observando; aunque el resto de mi sean solo huesos.

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