03 octubre 2013

Flashback

...7 años antes del Apocalipsis


22 años. Soltera. Estudiante de 4º año de Medicina. Alcohólica, adicta a los ansiolíticos y aficionándose a la morfina. Yonki ocasional, compañera sexual de muchos y de muchas siempre que le apetecía, sin abandonar su convicción misántropa y personalidad impulsiva.

Sin embargo sólo hubo una persona en el mundo que se interesó por ella, por su mente, por averiguar sus sentimientos hasta tocarle la fibra. Su nombre era Adrián. Él era un chico normal, que vivía con su familia, estudiante de Biología, y un gran amigo de quienes le rodeaban. Se divertía en campings y haciendo churrascadas en la casa de un amigo de familia acomodada, jugando al póker con sus colegas y retándolos a unos largos en la piscina de la casa.

A ambos sólo los separaba la calle que dividía sus facultades y el estilo de vida. Lo que los unió fue una biblioteca.

Era época de exámenes, y la insomne Alice se quedó estudiando hasta que cerró el recinto a las 2:00 de la madrugada. Adrián hizo lo mismo. Ella salió antes que él y se encontró afuera con uno de "sus habituales" que la esperaba para ver si caía un polvo esa noche, y de paso si podían, darse un chute de morfina.

Ella lo rechazó pues estaba centrada en los exámenes y quería volver a casa a seguir estudiando hasta que la venciera el sueño. Eso al chico no le gustó y empezó a ponerse nervioso. Cuando ella se negó por tercera vez, el joven no contuvo su rabia y abofeteó a una ya iracunda Alice, y esta le devolvió el gesto con un puñetazo. Adrián salía justo cuando vio el primero de los golpes y corrió hacia la pareja. Se quedó atónito ante la reacción de la muchacha, sin embargo decidió continuar y defenderla.

Pero el otro era un cobarde y en cuanto vio a Adrián acercarse, cogerlo por la chaqueta y preguntar qué coño estaba pasando, se soltó de él ignorándolo y  llamándola a ella "puta" mientras se alejaba excitado y ansioso. Ella le dio las gracias a Adrián con su furia dentro todavía queriendo explotar. Él preguntó si estaba bien y se ofreció a acercarla hasta su piso. No hacía falta, se bastaba sola.

Al día siguiente coincidieron de nuevo en una cafetería cerca de las facultades. Ella no lo había visto, pero Adrián se acercó y le preguntó si se encontraba bien después de lo de la noche anterior. Indiferente hacia la actitud del caballeroso muchacho asintió y siguió leyendo. El chico siguió hablando interrumpiendo su lectura y avivando su reacción antisocial, pero calló por agradecimiento, contestando con monosílabos o evasivas.

Pasaron varias semanas encontrándose frecuentemente, y él al ver que ella no lo rechazaba la seguía saludando y sacando conversaciones a las que Alice con el tiempo empezó a ceder con cierta simpatía.

Al cabo de tres meses ella confió en él. Por una vez no le insinuaban sexo, no la invitaban a fiestas desfasadas, y hasta había conseguido ir dejando sus recientes adicciones. Adrián llegó a tiempo a su vida. Al cabo de un año de gran amistad, sin absolutamente nada más que eso sobre la mesa, surgió su relación en medio de una de sus depresiones. Se refugió en él, y Adrián la sacó de su abismo. Se dio cuenta de que prácticamente todos sus infiernos los superó junto a él, que su amistad le daba fuerzas y que alguien la apoyaba. Ya no estaba sola. Y se quedó con él.

Hasta que un terrible infierno ajeno a su interior la hizo perderlo de vista.

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